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10月26日 Sobre la doble personalidadAquí les va el primer artículo de los que había estado publicando en un periódico de circulación estatal. Espero que les guste y alguna información les resulte de utilidad. Para cualquier aclaración, precisión o preguntas, puedes dejar tu comentario en este blog.
Su otro yo: La doble personalidad
Uno de los más tristemente célebres trastornos de la personalidad –y también uno de los menos comprendidos- es el Trastorno Disociativo de la Identidad, conocido comunmente como doble personalidad. La ficción (novelas, películas, y demás) aluden frecuentemente a este trastorno, como la clásica creación de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll y el señor Hyde, donde una sustancia milagrosa logra convertir a un hombre en una persona completamente distinta. Bueno, en general no necesitamos drogas de ficción para lograr un efecto similar en alguien. A veces basta sólo un poco de alcohol, pero eso se paga en otra caja. ¿Qué hay de cierto entonces sobre la doble personalidad? En sí, se trata de un trastorno real, si bien muy poco frecuente, que se caracteriza por –de acuerdo al Dorland’s Medical Dictionary- la existencia, en un mismo individuo, de dos o más personalidades distintas, cada una de las cuales tiene sus propios recuerdos, comportamiento característico y relaciones sociales. Al menos dos de las personalidades controlan el comportamiento del paciente por turnos, siendo la transición muchas veces abrupta. La personalidad anfitrión (original) usualmente no es consciente de las personalidades alternas, experimentando sólo vacíos de tiempo (lagunas) inexplicables e incapacidad para recordar información personal. Las personalidades alternas pueden o no ser conscientes de las demás. También se le conoce como Trastorno de Personalidad Múltiple. ¿De dónde viene este padecimiento? ¿Qué lo origina? Entre los misterios que el funcionamiento de la mente plantea, este es uno de los más oscuros. En su momento, se le trató de explicar recurriendo a la teoría psicoanalítica, al estilo freudiano –en la que casi todo pareciera estar relacionado con el sexo o con conflictos emocionales ante las figuras paterna y materna, o la combinación de ambos-, sugiriendo que estaría relacionado con un abuso o trauma infantil severo y recurrente, del cual los mecanismos disociativos de la mente -que nos permiten estar “como ausentes” o “vernos desde afuera” como cuando experimentamos algo terrible y tenemos la impresión de que no nos está pasando a nosotros, como si sólo viéramos una película- se activan para proteger la psique del niño (Loewenstein, 1994). Sin dar un valor de verdad a este tipo de afirmaciones, también nos resulta evidente que un trastorno que afecta la personalidad de modo tan profundo debe involucrar severos desbalances en la química cerebral, especialmente cuando se sabe que el consumo de algunas sustancias puede ocasionar episodios similares en personas que de otro modo podrían ser consideradas sanas. ¿Cómo diferenciar un probable caso de Trastorno Disociativo de la Personalidad de simples extravagancias o reclamos de atención de un neurótico, y buscar atención psiquiátrica? Para considerar un posible diagnóstico de este trastorno, el Diagnostic Statistical Manual (DSM IV) nos proporciona cuatro criterios esenciales: la presencia de dos o más personalidades o estados de la identidad que presentan patrones propios más o menos constantes de percepción, relaciones con los demás y concepción del entorno y de sí mismas; al menos dos personalidades toman el control del individuo, por turnos; una incapacidad para recordar información personal, más allá del olvido común; y por supuesto, que estos síntomas no sean efecto del consumo de alguna sustancia, o de una enfermedad orgánica. Como siempre, al detectar cualquier cambio repentino y significativo del comportamiento, ya sea propio o de alguien a nuestro alrededor, se debe buscar ayuda especializada -en estos casos, ayuda psiquiátrica-, porque nadie tiene por qué vivir así si no quiere. |
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